PAPELITO HABLA Cuando la buena fe no basta: “papelito habla”

La buena fe y la palabra pueden ser importantes, pero en un conflicto jurídico la certeza necesita pruebas. Este artículo reflexiona sobre el valor de documentar contratos, pagos y acuerdos, y sobre cómo la prevención y el resguardo de documentos pueden brindar mayor seguridad jurídica y evitar futuros conflictos.

Héctor Lemus

9/14/20264 min read

Existe un abismo gigantesco entre “tener la razón” y “poder demostrar que se tiene”. En el día a día, las relaciones humanas se construyen sobre la confianza, el apretón de manos y la buena fe. Es hermoso pensar que la palabra empeñada sigue teniendo el valor de antaño; sin embargo, cuando esa confianza se fractura y el conflicto se traslada al terreno judicial, la nostalgia no gana juicios, pues en los tribunales rige una máxima implacable: “lo que no consta en los expedientes, no existe en el mundo” o, dicho en el más puro y sabio castellano popular: “Papelito habla”.

A menudo, las personas acuden al despacho buscando una especie de “mago jurídico” que pueda validar sus pretensiones basándose en la tradición oral. Las frases típicas son: “Licenciado, es que yo tengo la razón, mi abuelita estuvo presente cuando le entregué el dinero de la venta” o “El vecino me vio firmar”. Con el corazón en la mano y la técnica jurídica en la otra, los abogados postulantes nos enfrentamos a una triste y recurrente realidad: el derecho preventivo se ignora y el derecho litigioso se pretende sostener con humo en casos que se repiten de manera frecuente, como, por ejemplo:

El mito de los testigos salvadores

Existe la falsa creencia de que la prueba testimonial es el comodín que todo lo resuelve. “Si mi prima lo sabe, ella lo declara”. Lo que el ciudadano común olvida es que la memoria humana es frágil, subjetiva y, ante los ojos de un juzgador, inherentemente sospechosa de aleccionamiento.

Un testigo que no ha visto a las partes en diez años, un familiar directo o un vecino que “escuchó el rumor” difícilmente resistirán un interrogatorio riguroso o una tacha de testigos. La oralidad y las declaraciones de terceros son elementos valiosos, pero en materias como la civil o la mercantil, la prueba reina sigue siendo la documental. Un contrato, un recibo firmado, un correo electrónico o incluso un mensaje de texto debidamente preservado tienen un peso específico que un millón de palabras testimoniales rara vez pueden inclinar a su favor.

La analogía de la “Salud Jurídica”

Piénselo de esta manera: documentar nuestros actos no es un signo de desconfianza hacia el otro; es un acto de higiene y salud jurídica, y hasta emocional. Así como nos hacemos un chequeo médico preventivo o guardamos el historial de nuestras vacunas, plasmar un acuerdo por escrito es blindar nuestra tranquilidad futura.

El “papelito” realiza dos funciones vitales en nuestro sistema legal:

Acción: Es la llave para exigir el cumplimiento de una obligación. Si usted prestó un dinero y no hay un pagaré o un contrato de mutuo, exigir la devolución se convierte en un calvario procesal donde hay que empezar por acreditar la existencia misma de la deuda.

Excepción (Protección): Es el escudo contra demandas injustas. ¿Cuántas veces un comprador de buena fe se ve envuelto en un problema de fraude o despojo simplemente porque “olvidó” pedir el recibo finiquito o no formalizó la compraventa ante notario? El documento idóneo detiene en seco cualquier acción dolosa en nuestra contra.

Sin embargo, a menudo sucede que las personas no acostumbran resguardar la documentación importante o, lo que es peor, ni siquiera se preocupan por obtenerla, lo cual ha generado para la comunidad jurídica un gran reto: educar al cliente.

Para los abogados que caminamos los pasillos de los juzgados, este fenómeno no es nuevo, pero nos obliga a asumir un rol de educadores. El litigio estratégico no empieza cuando se presenta la demanda, empieza cuando concientizamos a nuestros clientes de que la prevención es la inversión más barata.

Conclusión. El valor de la certeza.

La palabra se la lleva el viento, pero la tinta fija la realidad. No deje su patrimonio, su negocio o la tranquilidad de su familia en manos de la memoria de un tercero o de la supuesta buena voluntad de quien hoy es su amigo, pero mañana podría ser su contraparte en un juicio.

Antes de realizar cualquier transacción, por pequeña que sea, recuerde que la cortesía no pelea con la seguridad. Exija, firme y guarde ese documento. Porque al final del día, cuando el juez cierre la puerta de su privado para dictar una sentencia, no escuchará los ecos de las conversaciones de pasillo. El juez abrirá el expediente y dejará que, de manera contundente, el papelito hable.

Héctor Lemus | Salud Jurídica.

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Nos toca hacerles entender que un contrato no se firma “por si nos peleamos”, sino precisamente para saber las reglas del juego y evitar el pleito. Cuando el cliente aprende a atesorar y archivar sus comprobantes, sus transferencias, sus contratos y sus notificaciones, le está dando a su abogado las armas necesarias para salir al campo de batalla con certeza, y no a improvisar con testimonios endebles.